Es 1945. La guerra ha terminado y los aliados, con sed de venganza, claman justicia. El existencialismo de Jean-Paul Sartre estalla en un mundo incapaz de entender el nuevo color gris de Europa. Autores como Karl Popper publican libros donde plasman la situación. Una obra suya de ese año, «La Sociedad abierta y sus enemigos», dice así: <<En aquel momento las discusiones políticas del salón giraron sobre la cuestión: ¿qué prefieres, el fascismo o el bolchevismo? Esta pregunta, obviamente, está basada en la desesperación por la democracia>>. <<Si queremos que nuestra civilización sobreviva, debemos romper con el hábito de reverenciar a los grandes hombres. Los grandes hombres pueden cometer grandes errores>>.


